viernes, 30 de diciembre de 2016

OPINIÓN DE CARLOS TRUEBA

MUY ENTRETENIDO
Muy entretenida, y engancha hasta el final.
Resulta muy dinámico el estilo de cartas de ida y vuelta.
Y a ratos es divertido ese humor un poco “bestia” de Luis.

Muy recomendable.

lunes, 26 de diciembre de 2016

OPINIÓN DE ANA BELÉN

Ya estoy terminando el libro.
Me encanta. El que me está dejando loca es Javier.
Por una parte estoy deseando llegar al final, pero por otra me da pena.

Ya lo he terminado.
Me ha gustado, pero quería más.

Me ha encantado de Arena la forma que tiene tan sensual de hacer que la deseen y la toquen como ella quiere.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Estas navidades, el placer está en tu imaginación 

Déjate llevar por la nueva novela de
Luisa Morales y Luis Ricardo Suárez Fernández


sábado, 24 de diciembre de 2016

¡QUEREMOS COMPARTIR CON VOSOTROS ALGUNOS COMENTARIOS DE LOS LECTORES!

OPINIÓN DE AMAZON CUSTOMER

Engancha!!!!!!
Es genial, te hace meterte y no querer dejarlo.

Me encanta la forma en que está redactado, con ganas de seguir leyendo.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

¡Y CON ESTO CONCLUIMOS LA PUBLICACIÓN DEL COMIENZO DE LA NOVELA!

MAIL ARENA (pgs 35 y 36)

Estimado Andreu:
Entiendo que no desee continuar con nuestra comunicación hasta no contar con la respuesta a su pregunta. “¿Nos conocemos?”. Nunca sospeché que pudiera resultarme tan difícil contestar. ¿En qué consiste conocerse? ¿En tener los datos de la otra persona? ¿Haber hablado alguna vez con ella, compartido una actividad grande o pequeña, o una parte de la propia vida?
Usted ha ocupado un lugar importante en mi mente durante un tiempo. A veces ensueño, a veces tormento. Si vivir en un sin vivir por causa de la otra persona es conocerla, entonces sí, le conozco. Si amar en desamor a la otra persona es conocerla, de nuevo sí, le conozco. Si llorar lágrimas secas por la otra persona es conocerla, entonces yo le conozco profundamente desde lo más íntimo de mi ser.
Pero si no ver cuando se mira, no oír cuando se escucha o no sentir la presencia de la otra persona aunque ésta grite en silencio “aquí estoy” es no conocer, entonces mi querido Andreu, usted no me conoce.
Después de haber aceptado que yo era una mujer invisible para usted, he descubierto que a través de la red oye mi voz, le llegan mis pensamientos y puedo mostrarle una ventana abierta en mi corazón. No me pida que renuncie a ser Arena para retornar al fantasma invisible que he sido. He pasado esa página de mi vida y abierto otra en blanco en la que usted puede aproximarse a la persona que le escribe, conocerla, ver en ella sus virtudes y defectos, su riqueza y carencias, en definitiva, el valor que en ella puede encontrar. Yo seré la persona que usted descubra, Arena del mar a la que cada ola se acerca pero ninguna se queda, Arena de sol, que cada mañana llega pero a la que cada noche deja.
Esta explicación, querido Andreu, es la mejor respuesta que tengo a su pregunta. Deseo que acepte seguir adelante con nuestras cartas, pero también sabré aceptar que no lo haga, y respetaré su decisión. Quiero que se sienta totalmente libre y que tenga la seguridad de que en caso de no querer continuar, no volveré a existir para usted. Mi cuenta de correo caduca en una semana y no tengo ninguna otra razón para renovarla.
Suya,
Arena.


25 de Abril de 2012

sábado, 17 de diciembre de 2016

ARENA (pgs 30, 31, 32, 33 y 34)

Hoy toca reunión con las chicas en el bar de Charly. Almudena y Lucía han sido las primeras en llegar. Dori siempre es la última, unas veces porque le toca tener a los niños en casa, otras porque pasea al perrito de su madre y otras muchas por razones que no consigo recordar.
-       Ayer Almudena volvió a salir con Piolín – Delató Lucía en cuanto me vio llegar.
Ese era el apelativo que Lucía había decidido poner a un joven bohemio que Almudena había conocido en la inauguración de la exposición de pintura de un amigo común. El único “pero” que se le podría poner a aquel hombre es que es veinte años menor que ella, cosa que Lucía no le perdonaba. Almudena era una mujer de cincuenta años que aún poseía la apariencia y energía de años atrás. Desde su divorcio, había salido con muchos hombres, la mayoría treintañeros dedicados a alguna actividad física: moteros, futbolistas, bailarines, hubo también un paracaidista, dos militares y un equilibrista. El tal Piolín le daba más bien al arte y le había dedicado ya varios cuadros pintados sobre su piel. Belleza efímera que solía sucumbir a la pasión desenfrenada que se desataba entre el pintor y su musa.
-       Pues ya sabéis – les dije -  quien con niños se acuesta, “meao” se levanta, jajaja.
-       Sois unas brujas las dos. He de confesar que tuve que invertir tiempo en mostrarle puntos y ayudarle a desarrollar habilidades, pero ahora se ha convertido en un experto el “jodío” y sabe aguantar y mantenerme donde a mí me gusta.
-       ¡Vaya! Ya salió el lado zorril de Almudena. Está por llegar el día en que nos digas que has disfrutado de un plácido paseo con alguien que no te has llevado a la cama – Lucía era mucho más hogareña. En los dos últimos años había dado con un brasileño que le llevaba el desayuno a la cama y le dedicaba frases bonitas, pero que, a la vez, le dejaba la visa tiritando cuando menos se lo esperaba.
-       Ya veo que os habéis vuelto a enzarzar – Era la voz de Dori, que se acercaba a la mesa mientras se desabotonaba la chaqueta.
-       No, si está bien – replicó Lucía – cada una es libre de salir con los críos que quiera, pero que luego no venga llorando cuando éste vaya tras una universitaria más delgada, más tersa, más prieta y mucho más joven.
Dori se sentó, pidió una taza de chocolate caliente y me preguntó:
-       ¿Has hablado ya de tu hombre misterioso?
Almudena y Lucía me acorralaron.
-       ¿Qué hombre? ¿Tienes un romance y ni siquiera lo has mencionado por encima?
-       No tengo ningún romance ¿Por qué dices que hay un hombre misterioso? ¿De dónde te has sacado semejante historia?
-       Uy, uy, uy – reía Dori – que hemos dado en el clavo. Desde el momento en que lo guardas sólo para ti, es el hombre más misterioso para nosotras.
-       No he salido con nadie nuevo en las últimas dos semanas.
-       Pues parece que Jorge ha visto otra cosa…
-       ¿Se puede saber qué te ha contado ese cotilla?
-       Nada. He de reconocer que es un perro fiel. No conseguí sacarle ningún detalle, salvo que estaba delante cuando recibiste un mensaje suyo.
-       ¡Bingo! – gritaron las otras dos - ¡El hombre misterioso existe y además mantiene una relación a través de internet! Ahora no tienes más remedio que cantar.
-       Jamás he visto distorsionar tanto los hechos. Se trata de un conferenciante de tres al cuarto, que va de sobrado por la vida pensando que las mujeres somos ciudadanos de segunda. Me tocó la fibra sensible y no pude evitar escribirle.
-       ¿Y lo hiciste por correo electrónico?
-       Sí.
-       ¿Y después?
-       No hay después.
-       ¿No habéis quedado?
-       No.
-       ¿Y desde cuándo te interesan las relaciones epistolares?
-       ¿Y desde cuándo tengo yo que dar explicaciones sobre lo que digo, hago o escribo?
-       Está bien, chicas - Lucía decidió dar un cambio de rumbo abriendo la puerta de las confidencias – Creo que ha llegado el momento de la rueda de las confesiones. Empiezas tú, Dori, por haber sido la última en llegar. ¿Qué ha sido lo más inconfesable que te ha ocurrido en estas dos semanas?
Dori apuró el chocolate, se secó los labios, miró a sus amigas y comenzó – El lunes nos citaron en el colegio a mi ex y a mí para hablar sobre nuestra hija de doce años. Parece que tiene problemas de relación en clase. Estuvimos casi una hora con la tutora y después nos fuimos a tomar un café para concretar algunos de los detalles del plan que nos había diseñado la profesora. Pues bien, me las ingenié para introducir un tanga en el bolsillo del pantalón de Felipe. Me encantaría ver la cara de gilipollas que se le va a poner cuando lo encuentre su Barbie pelirroja y se acerque con el tanga colgado del dedo índice, moviéndolo como un péndulo, “Darliiing, ¿me puedes decir qué significa esto?”
-       Ja, ja, ja. Eres diabólica. Un bravo por Dori. Lucía, ahora te toca a ti.
La dulce amada del brasileño apoyó las dos manos sobre la mesa inclinando ligeramente su cuerpo hacia delante – El sábado pasado por la noche pillé a mi amorcito en el salón viendo un canal porno. Estaba en plena faena, me senté en el suelo detrás de su sillón. En su momento cumbre le dediqué un gran alarido de hembra en celo. ¡Se llevó un susto de muerte! A mí me dio un ataque de risa y me entró hipo. Tuve que salir corriendo antes de que tomara represalias.
-       Ja, ja, ja. Tú tampoco te quedas corta. Un bravo por Lucía. Almudena, ahora vas tú.
-       Bueno, yo no le he hecho ninguna putadita a nadie. El sábado salí con un cantante de ópera que hacía tiempo que no veía. Estaba en la ciudad por unos días y me invitó a cenar. Luego fuimos a su hotel y se empeñó en que cantáramos una de sus arias favoritas. Acompañados por la música de fondo de un CD, proferimos una verbena de graves y agudos más o menos afinados. Más por su parte y menos por la mía. Lo increíble fue entonar los orgasmos con la música. Totalmente desinhibidos, deleitamos a nuestro público con los más desgarradores tonos de pasión. Los aplausos no se hicieron esperar. Unos golpes insistentes en la pared del cabecero de la cama, que debía ser la misma pared del cabecero de otra cama donde alguien pretendía dormir.
-       Ja, ja, ja. Apuesto a que a la mañana siguiente estabas afónica. Bueno, y ahora voy yo. Siento poner fin a una rueda de risas. Yo estoy descentrada desde que se cruzó este hombre en mi vida. Se llama Andreu y me produce rechazo y atracción a la vez. Muchas ideas asaltan mi cabeza, me sorprendo pensando en él en los momentos más inesperados. Busco una razón para seguir y una razón para no seguir. No estoy disfrutando, pero si no continuo la desazón es mayor. Tampoco estoy segura de ser lo suficientemente fuerte para abordar esta historia, aunque sé que cuento con vosotras para recoger los pedacitos de un corazón roto, si llegara el caso.
-       Se acabaron los dramatismos – zanjó Almudena – un poco de internet puede ser lo más real o lo más irreal que uno quiera mostrar. Tienes el botón de guardar y también el de eliminar, no lo olvides, y, por supuesto, nos tienes a nosotras para apoyarte y para dar su merecido a ese Andreu, y algo me dice que disfrutaríamos haciéndolo. ¡Venga un abrazo!

Unas horas después, estaba a solas frente al ordenador.

jueves, 15 de diciembre de 2016

MAIL ANDREU (pgs 27, 28 y 29)

Hola Arena:
No ha contestado a mi pregunta del correo anterior: ¿Me conoce?

             21 de abril de 2012


Así son las cosas. Se planifican y luego suceden diferentes. Pero no estoy dispuesto a seguir manteniendo una correspondencia en situación de indefensión. Si fuésemos desconocidos no habría problema. Estaríamos comunicándonos en pos del conocimiento. Pero de la otra manera, no. ¿Qué garantías tengo de que las intenciones de esta mujer no sean otras que las de jugar conmigo? ¿O peores? No me imagino cuáles, pero seguro que ella sí. Las mujeres son maestras en diseñar venganzas. Eso es: se trata de una venganza. Alguien que esperaba algo de mí que no recibió. Debo echar el freno. He pecado de ingenuo. Me he abierto a esta mujer sin valorar las consecuencias.
Debería tratar de imaginarme quién es, pero es muy complicado. Ha habido suficientes mujeres en mi vida como para poder identificarla. A efectos de poder acotar el espectro tendría que asumir algunas premisas. En primer lugar habría que admitir que ha existido una relación afectiva o sexual entre los dos. No tendría sentido que una mujer menos involucrada en mi vida, llevase la comunicación al grado de intimidad que lo ha hecho.
Es una lástima que en la conferencia estuviera en un escenario con luces. No veía a la gente y, para colmo de males, tuve que marcharme corriendo nada más acabar porque tenía una cita importante. La organización ya lo sabía y avisó por anticipado que no podría haber coloquio porque el conferenciante tenía que salir a toda hostia en cuanto acabase. Esa no fue la expresión, dijo algo como por cuestiones irrenunciables. No, no: por compromisos ineludibles. Ahora recuerdo que dejé mi dirección de correo por si alguien tenía una pregunta: ¡por eso la tiene!
Mira esa mosca. Es gilipollas. No hace más que zumbar contra el cristal de la ventana sin caer en la cuenta de que le basta con separarse de ella y volar a la calle, pues está abierta. Me recuerda a esas mujeres que se pasan la vida protestando sobre sus maridos, pero nunca se atreven a abandonarlos.
En segundo lugar hay que presuponer que la relación no ha sido satisfactoria. Si lo hubiese sido, aunque ya hubiese terminado, ella se habría dado por satisfecha y pasaría página. Esta mujer tiene algo pendiente conmigo, por ello no me suelta.
¡Tonta! ¡Esa mosca es tonta! Ha tenido que notar el fresco que entra por la ventana. Tiene la liberación a unos centímetros y es incapaz de apreciarlo. ¡Pesan las alas al aproximarse a la libertad! Se pasan la vida exigiéndola, pero luego no saben manejarla.
Y en tercer lugar debemos afirmar lo que ya he pensado antes, que esa mujer pretende vengarse de mí, ganándose mi confianza y dándome una puñalada en el momento en que yo esté más entregado. ¡Arena, no sabes con quién te estás jugando los cuartos!
Ya está. Muerta. ¡Por imbécil!
Me siento raro. No me reconozco. ¿Me estaré convirtiendo en Javier?



Cuando le he preguntado a Andreu si todavía no había respuesta de Arena, me ha sorprendido con que ya había contestado. Me he quedado muy decepcionado en principio, y, a continuación, enormemente preocupado porque lo hubiese echado todo a perder. Tuve que ser muy sutil al sugerirle que me dejara leer ambos correos. Argumenté que si tenía que ayudarle en un futuro no debía desconectarme de lo sucedido. Compró la idea y me enseñó los dos correos. Menos mal que en el suyo se limita a preguntar y sin insultar. Respecto al de ella me he sentido algo frustrado. Creo que el ejercicio de brillantez que realicé en mi respuesta anterior se merecía más que un correo escueto centrado solo en el miedo al enamoramiento. No es propio de una mujer el renunciar a una comunicación extensa a la que los hombres raras veces nos prestamos. Seguramente tenía prisa o le había ocurrido alguna cosa que ocupaba su mente. Lo cierto es que sabemos muy poco de ella. Puede que esté casada y que su marido le engañe, o que tenga un amante que no quiera separarse de su mujer pese a que se lo prometa cada vez que se acuesten en un motel o, incluso, puede ser lesbiana como pensaba Andreu y estar confundida al sentirse atraída por un compañero de trabajo. Realmente, podrían ser tantas cosas: su vida es aún un misterio. Un misterio que me atrae desentrañar, y, pensándolo bien, la respuesta de Andreu es muy adecuada para ello.

lunes, 12 de diciembre de 2016

ANDREU (pgs 25 y 26)

Sábado. Estoy en la tienda, bastante aburrido. Javier se acaba de ir. Son las seis de la tarde y solo hay un cliente. Es un chaval, seguramente menor de edad pero podría no serlo. Como todavía no ha comprado nada no le he pedido el carnet. Está en la estantería de revistas, probablemente recolectando imágenes para un alivio posterior.
Hace poco que se fue una abuela que ya andaría por los sesenta. No es frecuente ver a mujeres por aquí, y menos de esa edad. Para nada estaba cortada. Se movía con naturalidad entre los expositores y pasillos. Pasó un buen rato analizando un consolador que ofertamos como la joya de la corona. Tiene música y luz incorporada. Lo de la música pase, pero lo de la luz no acabo de entenderlo.
Ya me he acostumbrado a trabajar en sábado. No vengo de mal humor, de nada me serviría. Es una tarea poco exigente y me deja tiempo para pensar en mis cosas. Tengo una libreta de anillas, de las de antes, con tapas azules, en la que voy apuntando ideas y pensamientos. No son lo mismo, les diferencia el que un pensamiento puede permitirse el ser inútil.
Voy a aprovechar para apuntarme unas cuantas cosas que quiero decirle a Arena.
Sí, me ha contestado.
Ha sido un correo corto en el que solo se ha centrado en lo que le dije del miedo a enamorarme.
En cierto modo me ha jodido, pues me resultaba muy cómodo el ir contestando a las distintas afirmaciones que ella iba escribiendo. Para una aportación nueva que se me ocurre realizar, va y se focaliza exclusivamente en ella. Tengo dos opciones: Hacerme fuerte y profundizar o abrir otros campos de discusión.
Si opto por la primera, tocaré las diferencias entre amor y enamoramiento, así como la individualidad y la dualidad de estos conceptos. De no hacerlo, puedo volver al origen, a su primer correo, y abrir un debate que, en su momento, le negué. ¡Joder, estoy empezando a pensar igual de pijo que Javier! Para esta respuesta no le necesito.

Por cierto, la señora se compró el consolador. Esta noche su coño va a parecer una feria.

jueves, 8 de diciembre de 2016

MAIL ARENA (pg 24)

Estimado Andreu,
Recibo su llamada a mi puerta con respeto y le doy las gracias por su ramo de flores virtual transformado en palabras de olor. Reconozco al corazón que siempre ha latido en su castillo.
La confidencia que me ha hecho me ha dejado un poso de intriga: miedo a enamorarse. ¿Acaso no es el enamoramiento el más delicioso estado para los mortales? La persona amada se convierte en la perfección idealizada produciendo la más alta e irresistible atracción. No se siente frío ni calor, los contratiempos no producen enfados, el rostro se embellece, el resto del mundo se vuelve amable y nos sonríe. Al igual que las estaciones del año, este estado pasa dando lugar a otro más sosegado y profundo madurando la unión entre los amantes y amados.
Yo no tengo miedo a enamorarme. Lo deseo fervientemente. A lo que sí tengo miedo es al desamor que a menudo le sigue, a sentir el vacío que te arranca el alma y no te deja respirar. Con la ruptura del amor sientes que te mueres aún estando con vida. Y es en ese momento de enajenación que te desgarra cuando uno se promete a sí mismo no volver a amar.
Atentamente le saluda,
Arena de Sol


18 de Abril de 2012


martes, 6 de diciembre de 2016

ARENA (pgs 22 y 23)

Son más de las diez, hace ya largo rato que cené y está a punto de llegar Jorge, mi amigo y masajista. Hablé con él esta tarde, he tenido una mala caída jugando al tenis y estoy dolorida de un tobillo. Suena el timbre.
-       Hola Jorge, qué bien que hayas podido venir.
-       Faltaría más. Todo por mi bailarina favorita, porque ¿sigues bailando, no?
-       Esa afición me vio nacer y me temo que me acompañará el resto de mi vida, pero esto me lo hice al intentar llegar a una bola traicionera. Por eso prefiero jugar en tierra batida, nunca te quedas clavada en el suelo.
-       Ahora te miro. He traído la camilla plegable para poder darte un masaje en condiciones. ¿tienes una toalla grande y un poco de aceite corporal?
-       Tengo eso y mucho más. Instálate cerca de la chimenea. Hacía mucho tiempo que no venías por aquí, voy a enseñarte la música que he encontrado para estos menesteres.
-       Sólo me llamas cuando te lastimas. No me crees cuando te digo que los masajes también pueden ser placenteros. Hoy te lo voy a demostrar.
Y ya lo creo que me lo demostró. Estuvo cerca de dos horas recorriendo cada centímetro de piel como si fuera el único. El olor del aceite se mezclaba con el de su sudor por el esfuerzo, el movimiento de sus manos transmitía mensajes secretos a mis músculos, que respondían distendiéndose. Fue entonces cuando mi cuerpo empezó a reaccionar bajo el amasamiento insistente de aquel hombre. El despertar de los sentidos dio paso al despertar de los sexos. El fuego de la chimenea fue testigo del encuentro ardiente sobre aquella cama alta y estrecha. Después un largo silencio en el que el ritmo de los corazones empezaba a ser de nuevo normal.
Sonó un mensaje entrante en el correo del ordenador. Cuando lo abrí, Jorge estaba justo detrás de mí.
-       ¿No será Andreu, Andreu?
-      
-       ¿Has vuelto a contactar con él después de tanto tiempo?
-       Ha sido algo casual, no sabía que era él quien iba a dar la conferencia.
-       ¿Y cómo ha reaccionado?
-       No sabe que soy yo.
-       ¿Que no sabe qué?
-       He preferido permanecer en la sombra.

-       Estás jugando con fuego, nunca conseguiré entenderte.



lunes, 28 de noviembre de 2016

ANDREU (pg 21)

Acabo de darle a enviar y, nada más hacerlo, me he arrepentido. ¿Qué hago yo confraternizando con una tía que se metió en mi vida atacándome? He vuelto a leer lo que he enviado y no me he reconocido: parezco un títere. Es el problema de darle tanta libertad a Javier en las respuestas. A veces es brillante, pero otras es súper blando. Ya está hecho, no tiene remedio. Cuando conteste, porque contestará, de ello no tengo la menor duda, debo darle un corte. Ya se sabe como son las mujeres: si les muestras el más mínimo signo de sensibilidad, la has cagado.
¿Un okupa pestilente? ¡Seré maricón!
¿Desea saborear mi fruta? ¡Más maricón todavía!
“Me va a permitir que disienta…” ¡No, coño, no! ¡Pero qué gilipolleces dices, tía!...Que se sepa quién manda.
¡Menos mal que me he despedido como un hombre!

JAVIER


Redactar correos con Andreu pegado a tu chepa es agotador. ¡Impresionante la tal Arena! Menuda lección de elegancia nos ha dado, y hablo en plural porque soy responsable subsidiario de las respuestas. Parece una tía super interesante, y debe tener un coco magnífico. La redacción de esta última respuesta a Arena ha sido una batalla campal. En algún momento hemos llegado a alzar la voz más de lo normal. Al final he conseguido llevarme el gato al agua, aunque me he quedado agotado. Creo que hemos enviado una respuesta a su altura. Me encantará leer lo que nos contesta. Mira por donde, esta ayuda a Andreu que presté porque no me pude negar, va a resultar una experiencia muy enriquecedora.

viernes, 25 de noviembre de 2016

MAIL ANDREU (pgs 17, 18, 19 y 20)

Arena:

No deja usted de sorprenderme.
Me sorprendió con su correo crítico, y me sorprende ahora con este segundo que no sabría cómo calificar.
Cuando esperaba una retahíla de insultos me encuentro con que usted me hace confidencias sobre los miedos de su vida. Es cierto que, más adelante, expresa su disconformidad con el tono de mi correo, pero de forma elegante y nada insistente. Admito que me ha descolocado. Tengo la obligación moral de compensar mi agresividad anterior de alguna forma que no sé muy bien cuál es. Lo primero que se me ocurre es abrir una vía de comunicación a los sentimientos de los que me ha hecho partícipe.
Pero antes de ello me gustaría plantearle una inquietud. Dice usted en su correo que no somos del todo desconocidos. ¿Es una forma de hablar o un hecho? ¿Se refiere a que por cruzar dos correos las personas ya se conocen o realmente nos conocíamos antes? Es posible que se pregunte qué importancia tiene, pero para mí tiene mucha: no hablaría igual a una desconocida que a una mujer que me conociese.
De momento la seguiré tratando como desconocida, pero sí le agradecería que me sacase de mi error si no es así.
El miedo al que he vencido es el referente a las acusaciones anónimas sin fundamento. Pero evitemos el volver a enzarzarnos en una nueva discusión. Lo que sí quiero asegurarle es que no soy inmune a cualquier miedo. El miedo es la enfermedad de toda mente sana. La puerta hacia la pérdida del equilibrio.
Usted me habla de miedo a ser señalada como diferente, a los seres vivos que nos repugnan por piel, al dolor físico de la penetración no deseada y a los ángeles oscuros que habitan las camas.
Usted me habla de cuando el miedo se hace mayor de edad y deja de ser temor para convertirse en culpa. Del descubrimiento de pieles repugnantes entre cueros, sotanas y autoridades consanguíneas por la gracia divina. Del polvo somos y no nos moriremos echándolo. De los que se van cuando todavía tenían mucho por llegar. Y del que nunca nos abandona: el del otro lado de la cama.
Yo le hablo de un solo miedo: el miedo a enamorarme.
En su defensa ante el miedo ha recurrido a la mentira a lo largo de su existencia, y nadie se ha librado de ella empezando por usted misma. Cuando le hablo del miedo a enamorarme, le hablo del miedo a mentirme, del miedo a inventarme la vida. Porque lo que usted hacía, bajo el pretexto del amor, era pintar un vergel en un erial. Renunciar a todo por nada. Pagar las consecuencias de un error entregando cheques de viaje a la felicidad.
Voy contestando a su correo según leo, y ha llegado el momento de enfrentarme a mi grosería. He intentado releer mi correo y, a duras penas, he conseguido hacerlo. Un sentimiento de vergüenza se ha instalado en mí como si fuera el okupa de trenzas grasientas y pies negros.
“Permítame estar en desacuerdo con el estilo grosero de su carta”. No dice más…y tampoco menos. Las trenzas se me enredan en los espejos que evito para no teñirlos de rojo y los pies reciben orines mal dirigidos. Me veo y siento guarro. “Permítame estar en desacuerdo con el estilo grosero de su carta”. Permítame usted a mí llamar a su puerta en lugar de derribarla. No soy de flores, ni tampoco sabría dónde enviarlas. Sirva este correo de sustitutivo de celofanes y lazos de tela. Porque no sé si se ha apercibido, Arena de Mar, de que los ramos son los trajes de fiesta de las flores. Y las flores así enviadas, no son nunca más flores sino palabras de olor.
Ahora bien, no admitiré haber hecho concesión alguna en mi airada respuesta: lo cortés no quita lo valiente.
Y también, debe reconocer conmigo que tiene usted una manera un tanto personal de buscar empatía… ¡Por Dios, por Dios!
¿Desea saborear mi fruta? Hagámoslo, procuraré dar respuesta a las preguntas que se hace en voz alta.
¿Competición entre sexo y amor? Por supuesto, desde el momento que los moralistas expulsaron al sexo del Paraíso. Entonces no sabían que estaban decorando a su rival, el Infierno, con cortinas muy sugerentes. Entre un lugar de muchachas paliduchas transparentes y otro de guarrillas con agujeros en las medias, muchos no tendremos la más mínima duda sobre en cual establecernos.
¿En qué aspectos puede adelantar el uno al otro? El sexo tiene ventaja, porque no tiene problemas en adelantar en prohibido.
¿En qué grado divergen o convergen? En todos, pues son una circunferencia de 360º a la que someten a tensión continua, por lo que nunca puede ser perfecta. El sexo pretende convertirla en elipse vaginal o paralelepípedo  macho, mientras el amor se empeña en dibujar un corazón a partir de los pliegues de un cerebro. No se enteran de que, si les diesen libertad, el amor y el sexo se desplazarían por la línea de esa circunferencia, encontrándose y separándose sin traumas ni culpas.
Me va a permitir que disienta, Arena. El amor que recibe el niño cuando nace, no es el amor real. Éste último no existe sin el sexo. Tenemos un serio problema conceptual al utilizar el mismo término para diferentes conceptos, y es por ello que se recurre a los adjetivos para tratar de desenredar la confusión creada. ¿Pero a usted le valdría que El Amor fuese simplemente el amor sexual? A mí, desde luego, no.
Y en cuanto a su afirmación de que en la adolescencia aparece el sexo, me veo obligado a añadir: porque no le han permitido existir como menor de edad. El sexo es el único ser vivo que nace viejo. Más bien: que se le bautiza de viejo. Porque el sexo está desde el onanismo de un bebé hasta la medición del tamaño de los pechos de una púber, pasando por las risas nerviosas al verle al otro “la cosita”.
El amor ciego yo lo redefiniría como el amor vendado. ¡No veas el sexo, no sea que te vaya a gustar más!
Entonces, según su última conclusión, la vida es como decía mi madre: la consecuencia de la elección de compañías. Las hay buenas y las hay malas. El destino es solo el resultado de a quiénes eliges. Según donde compres, así será el género.
He de concluir. Debo salir.
Adiós.

Andreu
               

                    16 de abril de 2012


martes, 22 de noviembre de 2016

ANDREU (pgs 15 y 16)

No soy de los que odia los lunes. En eso soy un hombre atípico. Puestos a odiar, un día es inocente, la culpabilidad debería recaer sobre quiénes le cargaron con la responsabilidad de abrir la semana.
Tampoco exprimo los fines de semana con desesperación. Más bien les dejo fluir entre rutinas y lugares habituales. Algo de comer, algo de beber, algo de follar y mucho fútbol.
Por ejemplo:
1.- Algo de comer
La tortilla de Betanzos. Una tortilla huevona, sobre un lecho de yema, que se deshace en la boca. De patatas, sin más aditamentos, cortadas en finas láminas redondas.
Ocurrió el sábado por la noche.
2.- Algo de beber
Una copita de vino oloroso. Casi era un dedal. Para una mano gigante, pero un dedal. Mano de labriego de los de antes, acostumbrada a destripar terrones. Cristalería de la abuela de alguien. Sonaba un clavicordio en un i-pad.
Ocurrió el domingo por la tarde.
3.- Algo de follar
Con las luces del alba. Cuando los ojos se resisten a abrirse y la erección engaña. Acallando las voces para no despertar a los de habitaciones próximas. Cansado de descanso. Aturdido por no encontrar definiciones ni a lo que haces ni a lo que sientes.
Ocurrió el domingo por la mañana.
4.- Mucho fútbol.
El Madrid gana. No lo ves por temor a que pierda con uno de los últimos.
El Barca gana. No ceden. Les odias.
El Mallorca… ¿Qué hizo el Mallorca?
Ocurrió continuamente. Y sigue ocurriendo, porque un partido de fútbol va más allá de su tiempo reglamentario.
De nuevo, he dejado pasar días sin abrir el correo. Y eso que debo reconocer que tengo curiosidad por saber el efecto de mi réplica a la tal Arena. Me extrañaría que hubiese permanecido callada. Este tipo de mujeres no admite que un hombre pueda quedar sobre ella. Seguro que me ha puesto cual cagada de paloma. Es posible que me extralimitase en mi respuesta (la respuesta es mía y me pertenece, porque sale de mi correo aunque la escriba Javier), pero ya está bien de aguantar ataques por el mero hecho de haber nacido hombre. Antes éramos los reyes del mambo, ahora delincuentes sin presunción de inocencia.

Lo sorprendente es que ha tenido presencia en mi cabeza a lo largo de estos días. Repentinamente me sentía cabreado con el mundo hasta que me daba cuenta de que ella era la causante de mi malestar. Tiene gracia que una desconocida me esté amargando la vida. Está bien, es hora de buscar un nuevo correo que me dé razones concretas para odiarla. Y si piensa que voy a quedar callado está pero que muy equivocada.


lunes, 14 de noviembre de 2016

MAIL ARENA (pgs 12, 13 y 14)

Estimado señor Termidor:
Agradezco la atención que ha dedicado a mi correo aun a sabiendas de la distancia que separa nuestra respectiva visión de la mujer. Si bien es cierto que Arena es mi sobrenombre, no lo es tanto el que seamos del todo desconocidos. Permítame por ello que no me considere un alma anónima, sino alguien que desde la lejanía comparte con usted el aquí y ahora que hemos elegido vivir.
Ha vencido usted al miedo. Yo, sin embargo, he mantenido el miedo vivo a lo largo de toda mi vida. Temor a que me castigaran de niña en el colegio, terror a las culebras que guardaba mi hermano en un bote de cristal, pavor a las inyecciones que todo lo curaban y pánico a quedarme sola por la noche en mi cuarto. Cuando crecí, maduró conmigo el miedo evolucionando paralelo a mí. El temor en el colegio se reubicó en la universidad y posteriormente en el trabajo, alimentado por un jefe siempre colérico, un presupuesto inalcanzable y la sombra del paro acechando en el exterior. El terror a las culebras pasó a focalizar otros seres más tangiblemente peligrosos, como los motoristas en los pasos de cebra, los curas en el confesionario y mi padre, siempre mi padre, con la tabla de sus diez mandamientos en la mano. El pavor a las inyecciones cambió al pánico por sufrir un cáncer como el que acababa de arrebatar la vida de uno de mis mejores amigos. Ausencia, dolor, tristeza. Y de nuevo pánico a quedarme sola por la noche en mi cama.
Es usted franco. Yo, sin embargo, he mentido en muchas ocasiones a lo largo de mi vida. Inventé excusas de niña para que no me castigaran, falsifiqué la firma de mi padre para justificar un día de ausencia en el instituto, feliz día de libertad en el que conocí un hombre, o más bien un muchacho torpe en el sexo pero generoso de amor. He fingido orgasmos, burlado normas, enredado historias, liado vidas. Armas de lucha válidas para sobrevivir en mi selva. No me enorgullezco de ello, pero tampoco me arrepiento de ninguna, salvo de haberme mentido a mí misma. Me mentí cuando decidí que mi vocación era estudiar Derecho, cuando me repetía que la dedicación a mi familia sustituía todos mis placeres anteriores, bailar hasta el amanecer, acudir a la tertulia de los jueves, sudar en el gimnasio, llorar en el cine, soñar con un libro. Y sobre todo, me mentí cuando insistía en que era feliz junto al hombre que nunca debería haber existido para mí.
Permítame estar en desacuerdo con el estilo grosero de su carta. Mucho podríamos debatir sobre su contenido, porque las visiones externas siempre nos enriquecen en una u otra dirección, amén del placer que produce saborear argumentos y contra argumentos condimentados con gotas de adrenalina y concesión. Me he sentido directamente atacada y, por qué no reconocerlo, incomprendida. Entiendo su reacción ante las palabras de mi anterior mensaje. ¿Qué podía esperar de usted tras mi ataque? Buscaba empatía, pero ofrecí un fruto envuelto en piel amarga.
Librada de su corteza la fruta que hoy he recibido, encuentro en sus palabras una idea que intuyo de interés: “La sexualidad, hoy en día, ha adelantado al amor. No reniego del amor, solo lo resitúo”. ¿Existe una competición entre sexo y amor? ¿En qué aspectos uno puede adelantar al otro? ¿En qué grado divergen o convergen? Cuando el niño nace recibe amor, y éste sigue siendo el elemento fundamental que alimenta su equilibrio emocional, autoestima y habilidad social durante largos años. En la adolescencia aparece el sexo ofreciendo una bifurcación en el camino. Es entonces cuando muchos se mueven respondiendo a impulsos sexuales y otros muchos se mueven gobernados por el amor ciego. Las reglas de la sociedad ponen algunos semáforos y señales de stop y ceda el paso. En las encrucijadas de amor y sexo, las personas caen en el enamoramiento y, si están en edad propicia, formalizan una unión pasando por la iglesia o el ayuntamiento. Al final, cada ser adulto termina forjándose según los distintos viajeros que se ha topado en su camino.

Arena de Mar

11 de Abril de 2012




Correo enviado. Estoy tranquila pese a que se me ha hecho tarde. Subo el volumen de la música,  cierro el ordenador y dejo correr el agua de la ducha mientras selecciono una camiseta y una falda del armario. El agua está caliente, me agrada su golpe en el cuerpo, el aroma del gel invade el recinto, lo extiendo suavemente con la mano pasando por cada hendidura. A la cabellera le reservo una dosis especial de acondicionador que la deja sedosa y brillante. Canto con la música, disfruto haciéndolo. Descuelgo el difusor de la ducha y lo utilizo a modo de micrófono, interpreto un solo magnífico, el rock siempre me ha gustado bajo el agua. Sigo utilizando el difusor para aclararme y siento bajo su paso el dulce roce de la lluvia caliente. Cuando llega a mi intimidad paro y me recreo con las sensaciones que despierta. Cierro los ojos, el canto se vuelve gemido.


sábado, 12 de noviembre de 2016

ARENA (pgs 10 y 11)

Me gustan las mañanas de domingo. Me despierta la saciedad de sueño, la luz que se filtra por las rendijas de la contraventana, los sonidos de la ciudad que amanece y, muy especialmente, el olor del café recién hecho. Vivo sola, lo que me reporta muchas ventajas, la casa está tan ordenada o desordenada como se me antoja, ningún objeto cambia inesperadamente de su sitio y no tengo que negociar los cambios de canal en la tele, el volumen de la música o el turno en la ducha. Sin embargo, renunciar al aroma del café penetrando mis sentidos mientras aún estoy adormecida ha sido una de las cosas más difíciles de mi nueva vida, hasta que vi el pequeño programador que utilizaba mi vecina para controlar la iluminación de su acuario de peces tropicales. ¡Todo un descubrimiento! Me hice con uno que acoplé a mi vieja cafetera y desde entonces el apartamento se convirtió en mi hogar.

La segunda taza de café la tomo frente al ordenador, ojeo los titulares de la prensa on-line y reviso mi correo, algo de publicidad, tres nuevos comentarios en mi blog y… ¡la contestación a mi correo del jueves! Ya no esperaba su respuesta, pero sí, ahí estaba y qué respuesta. Echaba humo, quemaba toda ella. Borbotones de energía descontrolada se agolpaban entre las letras pidiendo a gritos ser liberados. Un estilo grosero era el hilo conductor del mensaje que tenía frente a mí. Aunque totalmente desacertado en el contenido y en la forma, apreciaba que hubiera dedicado su tiempo a considerar mis palabras y dedicarme su contestación. Había una cosa que me llamaba poderosamente la atención, su reconocida victoria al miedo dejaba traslucir un profundo sufrimiento anterior. El miedo como reto superado, la ausencia de miedo como elemento disparador y motivador de su respuesta. Decidí contestarle.


miércoles, 9 de noviembre de 2016

MAIL ANDREU (pgs 7, 8 y 9)

Estimada Doña Arena:
Me deja usted alucinado. O más que usted, a la que no tengo el placer de conocer, su correo.
Espero que no se tome a mal el que ejerza mi derecho de réplica.
No acostumbro a responder anónimos, pues, admitirá conmigo, que Arena y nada es lo mismo. Sin embargo, no me da usted miedo. Llevo veinte años cerrándole la puerta al miedo cuando apago las luces de mi cuarto.
Contesto.
Perpleja se puede quedar, indignada no. Yo no he asaltado su dignidad sino su ideología feminista, que, aunque no milite, ejerce.
No acostumbro a decir cosas que no piense, especialmente si voy a tener una intervención pública llena de buitres esperando devorarme.
Lo de que la sexualidad de la mujer está al servicio de la reproducción no me lo he inventado yo, ha sido confirmado por la Antropología.
Si usted quiere tortillear con quien le salga de allí abajo, es libre de hacerlo, pero no a costa de castrar la libertad de opinión. Porque aquí la única que ha castrado ha sido usted. La identidad sexual de la mujer está más que demostrada a través de su fisiología: Si tiene un hueco es para llenarlo.
Sigo.
Soy un hombre de mi tiempo, pero eso no significa que tenga que tragar con la propaganda de los que se hacen llamar progresistas. Si progreso significa sustituir a la madre por un tubo de ensayo, yo me cago en el progreso.
De la unión de la familia no he hablado. En este momento necesitamos habitantes jóvenes, no familias. La madre está por encima de la esposa. Y le digo más: La sexualidad, hoy en día, ha adelantado al amor. No reniego del amor, solo lo resitúo.
Que la mujer no necesita protección lo dirá usted. La mujer la necesita y le gusta. Puede que lo niegue, pero gustarle le gusta.
No necesito cerrar ningún ojo para ver. Veo claro y sin problemas. Veo el cuerpo de la mujer como el de un ser humano, pero no veo que no sea diferente al del hombre. Veo que los records de atletismo son mejores los masculinos. Veo que hay muy pocos deportes de fortaleza física, por no decir ninguno, en el que se enfrenten hombres contra mujeres.
Y en cuanto a los sentimientos, la diferencia es menos apreciable pero también existe. Empezando por el de maternidad al que usted aludía. No digo nada respecto a la diferente forma de vivir la sexualidad.
Sus ejemplos pueden ser válidos, aunque insuficientes. La demostración de una afirmación no debe dejar puntos oscuros.
La publicidad que se hace al final de su correo le recomiendo que la reserve para una página de encuentros, pues a mí no me interesa en absoluto cómo folla y con quién.

Andreu Termidor

                 10 de abril de 2012


Javier se sentía incómodo. Había accedido a contestar por Andreu el mail de la mujer que se molestó por lo que dijo en una conferencia. En estricta justicia, tenía derecho a sustituirle, pues él era el padre de lo que decía Andreu en las charlas, aunque a saber lo que habría podido añadir de su propia cosecha. Lo que tenía mucho menos defensa era el estilo grosero que le obligó a adoptar y que no le quedó más remedio pues, si no, se habría eternizado el desacuerdo durante horas sin que pudiera salir el correo. Total, a él qué más le daba, No conocía a esa mujer y su papel era de simple mensajero. Si bien, lo de “tortillear” era una pasada que no venía a cuento…pero se empeñó y no hubo forma de apearle del burro. ¡Este Andreu no tiene remedio! ¡Se convierte en un troglodita en cuanto se relaciona con una mujer más allá de lo cotidiano!

domingo, 6 de noviembre de 2016

ANDREU (pgs 4, 5 y 6)

Me llamo Andreu Termidor. Tengo 38 años. Nací en Palma.
Desde que soy mayor de edad, y pude elegir, vivo en Madrid. Fue por la cosa del idioma. Me identifico más con el de aquí. Y mi nombre es Andreu porque así me lo pusieron. ¡Qué es un nombre sino un primer paso hacia la individualidad! Ellos, mis padres, me encaminaron, y yo, Andreu, me encargué de desandar.
Cuando de pequeño decía que quería ser piloto, se les iluminaba la cara. Pero al empezar la mía a tomar cuerpo, me di cuenta de que nunca cumpliría con mi vocación. No soy guapo, y yo no me imagino a un piloto sin pelo moreno rizado, ojos grandes cautivadores, sonrisa de dientes perfectos y olor a piloto. Carezco de todo eso por lo que, en consecuencia, otro será mi destino. Pienso en futuro porque creo que mi destino está aún por llegar. De momento solo estoy haciendo transbordo.
No soy guapo pero tengo mi público. Desconozco la razón, supongo que porque, en el fondo, nunca me ha preocupado saberla. Me basta con repasar mi vida y constatar que nunca me ha faltado una mujer enamorada.
Tampoco poseo estudios universitarios. Al venirme a Madrid me tuve que poner a trabajar para poder pagarme comida y cama. Carecía de los tíos que habitualmente la mayoría de los jóvenes tienen en la capital. Los míos vivían en Barcelona, pero para ese cambio no habría abandonado el hospedaje paterno. En Barcelona se habla catalán y yo me identifico más con…¡Ah, ya lo he dicho!
Pero el que no tenga una carrera no significa que sea un patán. He leído mucho. Y no solo novelas. Por leer, he leído hasta poesía. En mis ratos libres empecé a escribir un ensayo sobre las bondades del franquismo y el comunismo. Es sorprendente la cantidad de similitudes entre ambos. Todavía continúo con él, aunque de forma más espaciada. He desplazado mis intereses hacia un campo distinto al de la política. Ahora investigo sobre la sexualidad.
Es probable que el empezar a trabajar como dependiente en un sex shop, hace ya casi cinco años, fuese lo que estimulase mi interés por el tema. Hasta entonces, la sexualidad era un mero medio de alcanzar objetivos más trascendentes. Pero, poco a poco, me fui dando cuenta de que es la sexualidad la trascendente y los objetivos, simplemente, medios.
Lo de dar conferencias sobre el tema no recuerdo bien cómo empezó. Me imagino que tuvo que ver con el éxito de mi blog. Alguien que conocía a alguien me contactó. ¿O fue alguien que conocía a alguien quien me dijo que le contactase? De lo que casi estoy seguro es de que fue cosa del blog, porque en la tienda me limito a despachar con cara de descerebrado. No, jamás hubiese dado el look (chapurreo el inglés) de piloto.
A Javier, mi jefe, el dueño del sex shop, lo de las conferencias, le pareció muy buena idea para el negocio. Él las escribe y yo las doy. Dice que tiene mejor coco que yo, y, como es mi jefe, no le voy a llevar la contraria.
Hoy, al abrir mi correo electrónico, después de cuatro días sin mirarlo, me encuentro con el de una tipa que no conozco. Y, puestos a desconocer, ignoro cómo ha conseguido la dirección. ¡Qué más da! El caso es que lo tiene y se permite darme un chorreo por el simple derecho de haber asistido a mi conferencia. ¡Señora, que era gratis! ¡Que nadie le obligaba a ir, y menos a quedarse, si le molestaba lo que estaba escuchando! Estas feministas me sacan de quicio. Dice que no lo es pero se le nota a la legua. Me gusta esta expresión. La aprendí de mi madre. Es a la legua, no a la lengua, eh.
Podría pasar de ella pero no quiero que piense que me ha acojonado. Si ella tiene derecho a atacarme, yo lo tengo a defenderme. Y lo voy a hacer. ¡Vaya si lo voy a hacer!

Le diré a Javier que me escriba la respuesta. La verdad es que el tío tiene un punto, y quiero asegurarme de que entre los dos le damos un buen revolcón a esta mujer. Formamos un buen equipo: él escribe y yo doy la cara. No es que yo no me sienta capaz de darle réplica a esta tía lista, sino que quiero asegurarme de que reciba su merecido.

jueves, 3 de noviembre de 2016

MAIL ARENA (pgs 2 y 3)

Buenos días,

Me dirijo a usted perpleja e indignada por sus palabras en la conferencia de ayer. ¿Realmente piensa usted que la sexualidad de la mujer está al servicio de la reproducción? Disto mucho de pertenecer a un movimiento feminista, he sufrido en mis carnes el modelado cultural mojigato-religioso de mis mayores y estoy cansada de que personas como usted, con el estandarte de la verdad en la mano, castren a las mujeres despojándolas de su identidad sexual.

No voy a entrar en la discusión sobre la maternidad, que considero un don supremo, ni en la lucha por crear y mantener la unión de la familia, prioridad por la que cada mujer ha luchado a lo largo de la historia. Lo que pretendo, y por eso me dirijo a usted, es que no utilice esos argumentos para crear una jaula dorada destinada a albergar a un ser que no necesita el proteccionismo de nadie.
Le pido que cierre un momento los ojos. Mire con ellos los de una mujer. Obsérvese. Obsérvela. ¿Qué ve de diferente? ¿Acaso sus huesos están hechos con otro material? ¿Sus músculos no sirven para mover su cuerpo al igual que el de usted? Mírela más adentro. ¿Son sus sentimientos de libertad, felicidad, sensibilidad distintos de los suyos?

Quiero decirle que yo, como mujer, me considero la única dueña de todo mi cuerpo y de toda mi mente, sin resquicios. Estoy en la vida para cumplir mi misión, como cada ser en esta tierra, y lo hago desde la generosidad, la entrega y la pasión. Doy gracias a la naturaleza que me ha dado la capacidad de disfrutar el éxtasis sexual y compartirlo con otros seres consiguiendo la más alta cota de fusión, amor y libertad.

Reciba un cordial saludo,

Arena


6 de abril de 2012

lunes, 31 de octubre de 2016

ENTRADA INTRODUCTORIA TEXTOS


Vamos a empezar a publicar los primeros capítulos de la novela.

No iremos más allá de la página 36 (tiene 288 páginas).


Creemos que es suficiente para daros una idea y esperamos que os apetezca adquirirla en Amazon para continuar leyéndola.


viernes, 28 de octubre de 2016


 LOS PERSONAJES DE LA NOVELA.- ANDRÉS


Un hombre que lucha contra su conciencia y su deber.

No puede evitar sentir atracciones y deseos pero intenta rechazarlos porque son inmorales.

Aunque, a veces, suceden casualidades en nuestras vidas que nos arrastran hasta donde jamás imaginamos.

Andrés tendrá que escoger.




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martes, 25 de octubre de 2016

LOS PERSONAJES DE LA NOVELA.- JAVIER


Javier es Cyrano de Bergerac por e-mail.

Tiene la cabeza pero carece de la valentía para dar la cara.

Se ve obligado a jugar un papel que no le gusta, pero nace en él una gran dependencia hacia Arena y prefiere seguir siendo otro antes que perderla.

Sin embargo, esta situación en algún momento tendrá que cambiar.

¿Qué ocurrirá el día que Cyrano muestre su nariz?





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sábado, 22 de octubre de 2016

LOS PERSONAJES DE LA NOVELA.- ANDREU


Si Arena es el futuro, Andreu es el pasado.

El tipo de hombre que tenía éxito en una sociedad machista pero que se encuentra desubicado en un entorno que reconoce y fomenta la igualdad del hombre y la mujer.

Pese a ello se mantiene en su inmovilismo y no desespera de que los tiempos vuelvan a cambiar para que el hombre recupere el lugar de privilegio que se merece por su superioridad genética.





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miércoles, 19 de octubre de 2016

LOS PERSONAJES DE LA NOVELA.- ARENA


Arena es una mujer atrevida.

No tiene miedo a conocer mundos nuevos y experimentar.

Sin embargo, al mismo tiempo, ha quedado marcada por experiencias que muchos hemos vivido durante la formación de nuestra personalidad.

Vive una madurez progresista pero lastrada por un pasado tradicional.

En su vida van a aparecer tres tipo de hombres muy diferentes y tendrá que aprender a manejarse con ellos sin renunciar al camino que ha elegido.




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