viernes, 30 de diciembre de 2016

OPINIÓN DE CARLOS TRUEBA

MUY ENTRETENIDO
Muy entretenida, y engancha hasta el final.
Resulta muy dinámico el estilo de cartas de ida y vuelta.
Y a ratos es divertido ese humor un poco “bestia” de Luis.

Muy recomendable.

lunes, 26 de diciembre de 2016

OPINIÓN DE ANA BELÉN

Ya estoy terminando el libro.
Me encanta. El que me está dejando loca es Javier.
Por una parte estoy deseando llegar al final, pero por otra me da pena.

Ya lo he terminado.
Me ha gustado, pero quería más.

Me ha encantado de Arena la forma que tiene tan sensual de hacer que la deseen y la toquen como ella quiere.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Estas navidades, el placer está en tu imaginación 

Déjate llevar por la nueva novela de
Luisa Morales y Luis Ricardo Suárez Fernández


sábado, 24 de diciembre de 2016

¡QUEREMOS COMPARTIR CON VOSOTROS ALGUNOS COMENTARIOS DE LOS LECTORES!

OPINIÓN DE AMAZON CUSTOMER

Engancha!!!!!!
Es genial, te hace meterte y no querer dejarlo.

Me encanta la forma en que está redactado, con ganas de seguir leyendo.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

¡Y CON ESTO CONCLUIMOS LA PUBLICACIÓN DEL COMIENZO DE LA NOVELA!

MAIL ARENA (pgs 35 y 36)

Estimado Andreu:
Entiendo que no desee continuar con nuestra comunicación hasta no contar con la respuesta a su pregunta. “¿Nos conocemos?”. Nunca sospeché que pudiera resultarme tan difícil contestar. ¿En qué consiste conocerse? ¿En tener los datos de la otra persona? ¿Haber hablado alguna vez con ella, compartido una actividad grande o pequeña, o una parte de la propia vida?
Usted ha ocupado un lugar importante en mi mente durante un tiempo. A veces ensueño, a veces tormento. Si vivir en un sin vivir por causa de la otra persona es conocerla, entonces sí, le conozco. Si amar en desamor a la otra persona es conocerla, de nuevo sí, le conozco. Si llorar lágrimas secas por la otra persona es conocerla, entonces yo le conozco profundamente desde lo más íntimo de mi ser.
Pero si no ver cuando se mira, no oír cuando se escucha o no sentir la presencia de la otra persona aunque ésta grite en silencio “aquí estoy” es no conocer, entonces mi querido Andreu, usted no me conoce.
Después de haber aceptado que yo era una mujer invisible para usted, he descubierto que a través de la red oye mi voz, le llegan mis pensamientos y puedo mostrarle una ventana abierta en mi corazón. No me pida que renuncie a ser Arena para retornar al fantasma invisible que he sido. He pasado esa página de mi vida y abierto otra en blanco en la que usted puede aproximarse a la persona que le escribe, conocerla, ver en ella sus virtudes y defectos, su riqueza y carencias, en definitiva, el valor que en ella puede encontrar. Yo seré la persona que usted descubra, Arena del mar a la que cada ola se acerca pero ninguna se queda, Arena de sol, que cada mañana llega pero a la que cada noche deja.
Esta explicación, querido Andreu, es la mejor respuesta que tengo a su pregunta. Deseo que acepte seguir adelante con nuestras cartas, pero también sabré aceptar que no lo haga, y respetaré su decisión. Quiero que se sienta totalmente libre y que tenga la seguridad de que en caso de no querer continuar, no volveré a existir para usted. Mi cuenta de correo caduca en una semana y no tengo ninguna otra razón para renovarla.
Suya,
Arena.


25 de Abril de 2012

sábado, 17 de diciembre de 2016

ARENA (pgs 30, 31, 32, 33 y 34)

Hoy toca reunión con las chicas en el bar de Charly. Almudena y Lucía han sido las primeras en llegar. Dori siempre es la última, unas veces porque le toca tener a los niños en casa, otras porque pasea al perrito de su madre y otras muchas por razones que no consigo recordar.
-       Ayer Almudena volvió a salir con Piolín – Delató Lucía en cuanto me vio llegar.
Ese era el apelativo que Lucía había decidido poner a un joven bohemio que Almudena había conocido en la inauguración de la exposición de pintura de un amigo común. El único “pero” que se le podría poner a aquel hombre es que es veinte años menor que ella, cosa que Lucía no le perdonaba. Almudena era una mujer de cincuenta años que aún poseía la apariencia y energía de años atrás. Desde su divorcio, había salido con muchos hombres, la mayoría treintañeros dedicados a alguna actividad física: moteros, futbolistas, bailarines, hubo también un paracaidista, dos militares y un equilibrista. El tal Piolín le daba más bien al arte y le había dedicado ya varios cuadros pintados sobre su piel. Belleza efímera que solía sucumbir a la pasión desenfrenada que se desataba entre el pintor y su musa.
-       Pues ya sabéis – les dije -  quien con niños se acuesta, “meao” se levanta, jajaja.
-       Sois unas brujas las dos. He de confesar que tuve que invertir tiempo en mostrarle puntos y ayudarle a desarrollar habilidades, pero ahora se ha convertido en un experto el “jodío” y sabe aguantar y mantenerme donde a mí me gusta.
-       ¡Vaya! Ya salió el lado zorril de Almudena. Está por llegar el día en que nos digas que has disfrutado de un plácido paseo con alguien que no te has llevado a la cama – Lucía era mucho más hogareña. En los dos últimos años había dado con un brasileño que le llevaba el desayuno a la cama y le dedicaba frases bonitas, pero que, a la vez, le dejaba la visa tiritando cuando menos se lo esperaba.
-       Ya veo que os habéis vuelto a enzarzar – Era la voz de Dori, que se acercaba a la mesa mientras se desabotonaba la chaqueta.
-       No, si está bien – replicó Lucía – cada una es libre de salir con los críos que quiera, pero que luego no venga llorando cuando éste vaya tras una universitaria más delgada, más tersa, más prieta y mucho más joven.
Dori se sentó, pidió una taza de chocolate caliente y me preguntó:
-       ¿Has hablado ya de tu hombre misterioso?
Almudena y Lucía me acorralaron.
-       ¿Qué hombre? ¿Tienes un romance y ni siquiera lo has mencionado por encima?
-       No tengo ningún romance ¿Por qué dices que hay un hombre misterioso? ¿De dónde te has sacado semejante historia?
-       Uy, uy, uy – reía Dori – que hemos dado en el clavo. Desde el momento en que lo guardas sólo para ti, es el hombre más misterioso para nosotras.
-       No he salido con nadie nuevo en las últimas dos semanas.
-       Pues parece que Jorge ha visto otra cosa…
-       ¿Se puede saber qué te ha contado ese cotilla?
-       Nada. He de reconocer que es un perro fiel. No conseguí sacarle ningún detalle, salvo que estaba delante cuando recibiste un mensaje suyo.
-       ¡Bingo! – gritaron las otras dos - ¡El hombre misterioso existe y además mantiene una relación a través de internet! Ahora no tienes más remedio que cantar.
-       Jamás he visto distorsionar tanto los hechos. Se trata de un conferenciante de tres al cuarto, que va de sobrado por la vida pensando que las mujeres somos ciudadanos de segunda. Me tocó la fibra sensible y no pude evitar escribirle.
-       ¿Y lo hiciste por correo electrónico?
-       Sí.
-       ¿Y después?
-       No hay después.
-       ¿No habéis quedado?
-       No.
-       ¿Y desde cuándo te interesan las relaciones epistolares?
-       ¿Y desde cuándo tengo yo que dar explicaciones sobre lo que digo, hago o escribo?
-       Está bien, chicas - Lucía decidió dar un cambio de rumbo abriendo la puerta de las confidencias – Creo que ha llegado el momento de la rueda de las confesiones. Empiezas tú, Dori, por haber sido la última en llegar. ¿Qué ha sido lo más inconfesable que te ha ocurrido en estas dos semanas?
Dori apuró el chocolate, se secó los labios, miró a sus amigas y comenzó – El lunes nos citaron en el colegio a mi ex y a mí para hablar sobre nuestra hija de doce años. Parece que tiene problemas de relación en clase. Estuvimos casi una hora con la tutora y después nos fuimos a tomar un café para concretar algunos de los detalles del plan que nos había diseñado la profesora. Pues bien, me las ingenié para introducir un tanga en el bolsillo del pantalón de Felipe. Me encantaría ver la cara de gilipollas que se le va a poner cuando lo encuentre su Barbie pelirroja y se acerque con el tanga colgado del dedo índice, moviéndolo como un péndulo, “Darliiing, ¿me puedes decir qué significa esto?”
-       Ja, ja, ja. Eres diabólica. Un bravo por Dori. Lucía, ahora te toca a ti.
La dulce amada del brasileño apoyó las dos manos sobre la mesa inclinando ligeramente su cuerpo hacia delante – El sábado pasado por la noche pillé a mi amorcito en el salón viendo un canal porno. Estaba en plena faena, me senté en el suelo detrás de su sillón. En su momento cumbre le dediqué un gran alarido de hembra en celo. ¡Se llevó un susto de muerte! A mí me dio un ataque de risa y me entró hipo. Tuve que salir corriendo antes de que tomara represalias.
-       Ja, ja, ja. Tú tampoco te quedas corta. Un bravo por Lucía. Almudena, ahora vas tú.
-       Bueno, yo no le he hecho ninguna putadita a nadie. El sábado salí con un cantante de ópera que hacía tiempo que no veía. Estaba en la ciudad por unos días y me invitó a cenar. Luego fuimos a su hotel y se empeñó en que cantáramos una de sus arias favoritas. Acompañados por la música de fondo de un CD, proferimos una verbena de graves y agudos más o menos afinados. Más por su parte y menos por la mía. Lo increíble fue entonar los orgasmos con la música. Totalmente desinhibidos, deleitamos a nuestro público con los más desgarradores tonos de pasión. Los aplausos no se hicieron esperar. Unos golpes insistentes en la pared del cabecero de la cama, que debía ser la misma pared del cabecero de otra cama donde alguien pretendía dormir.
-       Ja, ja, ja. Apuesto a que a la mañana siguiente estabas afónica. Bueno, y ahora voy yo. Siento poner fin a una rueda de risas. Yo estoy descentrada desde que se cruzó este hombre en mi vida. Se llama Andreu y me produce rechazo y atracción a la vez. Muchas ideas asaltan mi cabeza, me sorprendo pensando en él en los momentos más inesperados. Busco una razón para seguir y una razón para no seguir. No estoy disfrutando, pero si no continuo la desazón es mayor. Tampoco estoy segura de ser lo suficientemente fuerte para abordar esta historia, aunque sé que cuento con vosotras para recoger los pedacitos de un corazón roto, si llegara el caso.
-       Se acabaron los dramatismos – zanjó Almudena – un poco de internet puede ser lo más real o lo más irreal que uno quiera mostrar. Tienes el botón de guardar y también el de eliminar, no lo olvides, y, por supuesto, nos tienes a nosotras para apoyarte y para dar su merecido a ese Andreu, y algo me dice que disfrutaríamos haciéndolo. ¡Venga un abrazo!

Unas horas después, estaba a solas frente al ordenador.

jueves, 15 de diciembre de 2016

MAIL ANDREU (pgs 27, 28 y 29)

Hola Arena:
No ha contestado a mi pregunta del correo anterior: ¿Me conoce?

             21 de abril de 2012


Así son las cosas. Se planifican y luego suceden diferentes. Pero no estoy dispuesto a seguir manteniendo una correspondencia en situación de indefensión. Si fuésemos desconocidos no habría problema. Estaríamos comunicándonos en pos del conocimiento. Pero de la otra manera, no. ¿Qué garantías tengo de que las intenciones de esta mujer no sean otras que las de jugar conmigo? ¿O peores? No me imagino cuáles, pero seguro que ella sí. Las mujeres son maestras en diseñar venganzas. Eso es: se trata de una venganza. Alguien que esperaba algo de mí que no recibió. Debo echar el freno. He pecado de ingenuo. Me he abierto a esta mujer sin valorar las consecuencias.
Debería tratar de imaginarme quién es, pero es muy complicado. Ha habido suficientes mujeres en mi vida como para poder identificarla. A efectos de poder acotar el espectro tendría que asumir algunas premisas. En primer lugar habría que admitir que ha existido una relación afectiva o sexual entre los dos. No tendría sentido que una mujer menos involucrada en mi vida, llevase la comunicación al grado de intimidad que lo ha hecho.
Es una lástima que en la conferencia estuviera en un escenario con luces. No veía a la gente y, para colmo de males, tuve que marcharme corriendo nada más acabar porque tenía una cita importante. La organización ya lo sabía y avisó por anticipado que no podría haber coloquio porque el conferenciante tenía que salir a toda hostia en cuanto acabase. Esa no fue la expresión, dijo algo como por cuestiones irrenunciables. No, no: por compromisos ineludibles. Ahora recuerdo que dejé mi dirección de correo por si alguien tenía una pregunta: ¡por eso la tiene!
Mira esa mosca. Es gilipollas. No hace más que zumbar contra el cristal de la ventana sin caer en la cuenta de que le basta con separarse de ella y volar a la calle, pues está abierta. Me recuerda a esas mujeres que se pasan la vida protestando sobre sus maridos, pero nunca se atreven a abandonarlos.
En segundo lugar hay que presuponer que la relación no ha sido satisfactoria. Si lo hubiese sido, aunque ya hubiese terminado, ella se habría dado por satisfecha y pasaría página. Esta mujer tiene algo pendiente conmigo, por ello no me suelta.
¡Tonta! ¡Esa mosca es tonta! Ha tenido que notar el fresco que entra por la ventana. Tiene la liberación a unos centímetros y es incapaz de apreciarlo. ¡Pesan las alas al aproximarse a la libertad! Se pasan la vida exigiéndola, pero luego no saben manejarla.
Y en tercer lugar debemos afirmar lo que ya he pensado antes, que esa mujer pretende vengarse de mí, ganándose mi confianza y dándome una puñalada en el momento en que yo esté más entregado. ¡Arena, no sabes con quién te estás jugando los cuartos!
Ya está. Muerta. ¡Por imbécil!
Me siento raro. No me reconozco. ¿Me estaré convirtiendo en Javier?



Cuando le he preguntado a Andreu si todavía no había respuesta de Arena, me ha sorprendido con que ya había contestado. Me he quedado muy decepcionado en principio, y, a continuación, enormemente preocupado porque lo hubiese echado todo a perder. Tuve que ser muy sutil al sugerirle que me dejara leer ambos correos. Argumenté que si tenía que ayudarle en un futuro no debía desconectarme de lo sucedido. Compró la idea y me enseñó los dos correos. Menos mal que en el suyo se limita a preguntar y sin insultar. Respecto al de ella me he sentido algo frustrado. Creo que el ejercicio de brillantez que realicé en mi respuesta anterior se merecía más que un correo escueto centrado solo en el miedo al enamoramiento. No es propio de una mujer el renunciar a una comunicación extensa a la que los hombres raras veces nos prestamos. Seguramente tenía prisa o le había ocurrido alguna cosa que ocupaba su mente. Lo cierto es que sabemos muy poco de ella. Puede que esté casada y que su marido le engañe, o que tenga un amante que no quiera separarse de su mujer pese a que se lo prometa cada vez que se acuesten en un motel o, incluso, puede ser lesbiana como pensaba Andreu y estar confundida al sentirse atraída por un compañero de trabajo. Realmente, podrían ser tantas cosas: su vida es aún un misterio. Un misterio que me atrae desentrañar, y, pensándolo bien, la respuesta de Andreu es muy adecuada para ello.

lunes, 12 de diciembre de 2016

ANDREU (pgs 25 y 26)

Sábado. Estoy en la tienda, bastante aburrido. Javier se acaba de ir. Son las seis de la tarde y solo hay un cliente. Es un chaval, seguramente menor de edad pero podría no serlo. Como todavía no ha comprado nada no le he pedido el carnet. Está en la estantería de revistas, probablemente recolectando imágenes para un alivio posterior.
Hace poco que se fue una abuela que ya andaría por los sesenta. No es frecuente ver a mujeres por aquí, y menos de esa edad. Para nada estaba cortada. Se movía con naturalidad entre los expositores y pasillos. Pasó un buen rato analizando un consolador que ofertamos como la joya de la corona. Tiene música y luz incorporada. Lo de la música pase, pero lo de la luz no acabo de entenderlo.
Ya me he acostumbrado a trabajar en sábado. No vengo de mal humor, de nada me serviría. Es una tarea poco exigente y me deja tiempo para pensar en mis cosas. Tengo una libreta de anillas, de las de antes, con tapas azules, en la que voy apuntando ideas y pensamientos. No son lo mismo, les diferencia el que un pensamiento puede permitirse el ser inútil.
Voy a aprovechar para apuntarme unas cuantas cosas que quiero decirle a Arena.
Sí, me ha contestado.
Ha sido un correo corto en el que solo se ha centrado en lo que le dije del miedo a enamorarme.
En cierto modo me ha jodido, pues me resultaba muy cómodo el ir contestando a las distintas afirmaciones que ella iba escribiendo. Para una aportación nueva que se me ocurre realizar, va y se focaliza exclusivamente en ella. Tengo dos opciones: Hacerme fuerte y profundizar o abrir otros campos de discusión.
Si opto por la primera, tocaré las diferencias entre amor y enamoramiento, así como la individualidad y la dualidad de estos conceptos. De no hacerlo, puedo volver al origen, a su primer correo, y abrir un debate que, en su momento, le negué. ¡Joder, estoy empezando a pensar igual de pijo que Javier! Para esta respuesta no le necesito.

Por cierto, la señora se compró el consolador. Esta noche su coño va a parecer una feria.

jueves, 8 de diciembre de 2016

MAIL ARENA (pg 24)

Estimado Andreu,
Recibo su llamada a mi puerta con respeto y le doy las gracias por su ramo de flores virtual transformado en palabras de olor. Reconozco al corazón que siempre ha latido en su castillo.
La confidencia que me ha hecho me ha dejado un poso de intriga: miedo a enamorarse. ¿Acaso no es el enamoramiento el más delicioso estado para los mortales? La persona amada se convierte en la perfección idealizada produciendo la más alta e irresistible atracción. No se siente frío ni calor, los contratiempos no producen enfados, el rostro se embellece, el resto del mundo se vuelve amable y nos sonríe. Al igual que las estaciones del año, este estado pasa dando lugar a otro más sosegado y profundo madurando la unión entre los amantes y amados.
Yo no tengo miedo a enamorarme. Lo deseo fervientemente. A lo que sí tengo miedo es al desamor que a menudo le sigue, a sentir el vacío que te arranca el alma y no te deja respirar. Con la ruptura del amor sientes que te mueres aún estando con vida. Y es en ese momento de enajenación que te desgarra cuando uno se promete a sí mismo no volver a amar.
Atentamente le saluda,
Arena de Sol


18 de Abril de 2012


martes, 6 de diciembre de 2016

ARENA (pgs 22 y 23)

Son más de las diez, hace ya largo rato que cené y está a punto de llegar Jorge, mi amigo y masajista. Hablé con él esta tarde, he tenido una mala caída jugando al tenis y estoy dolorida de un tobillo. Suena el timbre.
-       Hola Jorge, qué bien que hayas podido venir.
-       Faltaría más. Todo por mi bailarina favorita, porque ¿sigues bailando, no?
-       Esa afición me vio nacer y me temo que me acompañará el resto de mi vida, pero esto me lo hice al intentar llegar a una bola traicionera. Por eso prefiero jugar en tierra batida, nunca te quedas clavada en el suelo.
-       Ahora te miro. He traído la camilla plegable para poder darte un masaje en condiciones. ¿tienes una toalla grande y un poco de aceite corporal?
-       Tengo eso y mucho más. Instálate cerca de la chimenea. Hacía mucho tiempo que no venías por aquí, voy a enseñarte la música que he encontrado para estos menesteres.
-       Sólo me llamas cuando te lastimas. No me crees cuando te digo que los masajes también pueden ser placenteros. Hoy te lo voy a demostrar.
Y ya lo creo que me lo demostró. Estuvo cerca de dos horas recorriendo cada centímetro de piel como si fuera el único. El olor del aceite se mezclaba con el de su sudor por el esfuerzo, el movimiento de sus manos transmitía mensajes secretos a mis músculos, que respondían distendiéndose. Fue entonces cuando mi cuerpo empezó a reaccionar bajo el amasamiento insistente de aquel hombre. El despertar de los sentidos dio paso al despertar de los sexos. El fuego de la chimenea fue testigo del encuentro ardiente sobre aquella cama alta y estrecha. Después un largo silencio en el que el ritmo de los corazones empezaba a ser de nuevo normal.
Sonó un mensaje entrante en el correo del ordenador. Cuando lo abrí, Jorge estaba justo detrás de mí.
-       ¿No será Andreu, Andreu?
-      
-       ¿Has vuelto a contactar con él después de tanto tiempo?
-       Ha sido algo casual, no sabía que era él quien iba a dar la conferencia.
-       ¿Y cómo ha reaccionado?
-       No sabe que soy yo.
-       ¿Que no sabe qué?
-       He preferido permanecer en la sombra.

-       Estás jugando con fuego, nunca conseguiré entenderte.