jueves, 15 de diciembre de 2016

MAIL ANDREU (pgs 27, 28 y 29)

Hola Arena:
No ha contestado a mi pregunta del correo anterior: ¿Me conoce?

             21 de abril de 2012


Así son las cosas. Se planifican y luego suceden diferentes. Pero no estoy dispuesto a seguir manteniendo una correspondencia en situación de indefensión. Si fuésemos desconocidos no habría problema. Estaríamos comunicándonos en pos del conocimiento. Pero de la otra manera, no. ¿Qué garantías tengo de que las intenciones de esta mujer no sean otras que las de jugar conmigo? ¿O peores? No me imagino cuáles, pero seguro que ella sí. Las mujeres son maestras en diseñar venganzas. Eso es: se trata de una venganza. Alguien que esperaba algo de mí que no recibió. Debo echar el freno. He pecado de ingenuo. Me he abierto a esta mujer sin valorar las consecuencias.
Debería tratar de imaginarme quién es, pero es muy complicado. Ha habido suficientes mujeres en mi vida como para poder identificarla. A efectos de poder acotar el espectro tendría que asumir algunas premisas. En primer lugar habría que admitir que ha existido una relación afectiva o sexual entre los dos. No tendría sentido que una mujer menos involucrada en mi vida, llevase la comunicación al grado de intimidad que lo ha hecho.
Es una lástima que en la conferencia estuviera en un escenario con luces. No veía a la gente y, para colmo de males, tuve que marcharme corriendo nada más acabar porque tenía una cita importante. La organización ya lo sabía y avisó por anticipado que no podría haber coloquio porque el conferenciante tenía que salir a toda hostia en cuanto acabase. Esa no fue la expresión, dijo algo como por cuestiones irrenunciables. No, no: por compromisos ineludibles. Ahora recuerdo que dejé mi dirección de correo por si alguien tenía una pregunta: ¡por eso la tiene!
Mira esa mosca. Es gilipollas. No hace más que zumbar contra el cristal de la ventana sin caer en la cuenta de que le basta con separarse de ella y volar a la calle, pues está abierta. Me recuerda a esas mujeres que se pasan la vida protestando sobre sus maridos, pero nunca se atreven a abandonarlos.
En segundo lugar hay que presuponer que la relación no ha sido satisfactoria. Si lo hubiese sido, aunque ya hubiese terminado, ella se habría dado por satisfecha y pasaría página. Esta mujer tiene algo pendiente conmigo, por ello no me suelta.
¡Tonta! ¡Esa mosca es tonta! Ha tenido que notar el fresco que entra por la ventana. Tiene la liberación a unos centímetros y es incapaz de apreciarlo. ¡Pesan las alas al aproximarse a la libertad! Se pasan la vida exigiéndola, pero luego no saben manejarla.
Y en tercer lugar debemos afirmar lo que ya he pensado antes, que esa mujer pretende vengarse de mí, ganándose mi confianza y dándome una puñalada en el momento en que yo esté más entregado. ¡Arena, no sabes con quién te estás jugando los cuartos!
Ya está. Muerta. ¡Por imbécil!
Me siento raro. No me reconozco. ¿Me estaré convirtiendo en Javier?



Cuando le he preguntado a Andreu si todavía no había respuesta de Arena, me ha sorprendido con que ya había contestado. Me he quedado muy decepcionado en principio, y, a continuación, enormemente preocupado porque lo hubiese echado todo a perder. Tuve que ser muy sutil al sugerirle que me dejara leer ambos correos. Argumenté que si tenía que ayudarle en un futuro no debía desconectarme de lo sucedido. Compró la idea y me enseñó los dos correos. Menos mal que en el suyo se limita a preguntar y sin insultar. Respecto al de ella me he sentido algo frustrado. Creo que el ejercicio de brillantez que realicé en mi respuesta anterior se merecía más que un correo escueto centrado solo en el miedo al enamoramiento. No es propio de una mujer el renunciar a una comunicación extensa a la que los hombres raras veces nos prestamos. Seguramente tenía prisa o le había ocurrido alguna cosa que ocupaba su mente. Lo cierto es que sabemos muy poco de ella. Puede que esté casada y que su marido le engañe, o que tenga un amante que no quiera separarse de su mujer pese a que se lo prometa cada vez que se acuesten en un motel o, incluso, puede ser lesbiana como pensaba Andreu y estar confundida al sentirse atraída por un compañero de trabajo. Realmente, podrían ser tantas cosas: su vida es aún un misterio. Un misterio que me atrae desentrañar, y, pensándolo bien, la respuesta de Andreu es muy adecuada para ello.

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