MAIL ANDREU (pgs 27, 28 y 29)
Hola Arena:
No ha contestado a mi pregunta del correo
anterior: ¿Me conoce?
21 de abril de 2012
Así son
las cosas. Se planifican y luego suceden diferentes. Pero no estoy dispuesto a
seguir manteniendo una correspondencia en situación de indefensión. Si fuésemos
desconocidos no habría problema. Estaríamos comunicándonos en pos del
conocimiento. Pero de la otra manera, no. ¿Qué garantías tengo de que las
intenciones de esta mujer no sean otras que las de jugar conmigo? ¿O peores? No
me imagino cuáles, pero seguro que ella sí. Las mujeres son maestras en diseñar
venganzas. Eso es: se trata de una venganza. Alguien que esperaba algo de mí
que no recibió. Debo echar el freno. He pecado de ingenuo. Me he abierto a esta
mujer sin valorar las consecuencias.
Debería
tratar de imaginarme quién es, pero es muy complicado. Ha habido suficientes
mujeres en mi vida como para poder identificarla. A efectos de poder acotar el
espectro tendría que asumir algunas premisas. En primer lugar habría que
admitir que ha existido una relación afectiva o sexual entre los dos. No
tendría sentido que una mujer menos involucrada en mi vida, llevase la
comunicación al grado de intimidad que lo ha hecho.
Es una
lástima que en la conferencia estuviera en un escenario con luces. No veía a la
gente y, para colmo de males, tuve que marcharme corriendo nada más acabar
porque tenía una cita importante. La organización ya lo sabía y avisó por
anticipado que no podría haber coloquio porque el conferenciante tenía que
salir a toda hostia en cuanto acabase. Esa no fue la expresión, dijo algo como
por cuestiones irrenunciables. No, no: por compromisos ineludibles. Ahora
recuerdo que dejé mi dirección de correo por si alguien tenía una pregunta:
¡por eso la tiene!
Mira
esa mosca. Es gilipollas. No hace más que zumbar contra el cristal de la
ventana sin caer en la cuenta de que le basta con separarse de ella y volar a
la calle, pues está abierta. Me recuerda a esas mujeres que se pasan la vida
protestando sobre sus maridos, pero nunca se atreven a abandonarlos.
En
segundo lugar hay que presuponer que la relación no ha sido satisfactoria. Si
lo hubiese sido, aunque ya hubiese terminado, ella se habría dado por
satisfecha y pasaría página. Esta mujer tiene algo pendiente conmigo, por ello
no me suelta.
¡Tonta!
¡Esa mosca es tonta! Ha tenido que notar el fresco que entra por la ventana.
Tiene la liberación a unos centímetros y es incapaz de apreciarlo. ¡Pesan las
alas al aproximarse a la libertad! Se pasan la vida exigiéndola, pero luego no
saben manejarla.
Y en
tercer lugar debemos afirmar lo que ya he pensado antes, que esa mujer pretende
vengarse de mí, ganándose mi confianza y dándome una puñalada en el momento en
que yo esté más entregado. ¡Arena, no sabes con quién te estás jugando los
cuartos!
Ya
está. Muerta. ¡Por imbécil!
Me
siento raro. No me reconozco. ¿Me estaré convirtiendo en Javier?
Cuando
le he preguntado a Andreu si todavía no había respuesta de Arena, me ha
sorprendido con que ya había contestado. Me he quedado muy decepcionado en
principio, y, a continuación, enormemente preocupado porque lo hubiese echado
todo a perder. Tuve que ser muy sutil al sugerirle que me dejara leer ambos
correos. Argumenté que si tenía que ayudarle en un futuro no debía
desconectarme de lo sucedido. Compró la idea y me enseñó los dos correos. Menos
mal que en el suyo se limita a preguntar y sin insultar. Respecto al de ella me
he sentido algo frustrado. Creo que el ejercicio de brillantez que realicé en
mi respuesta anterior se merecía más que un correo escueto centrado solo en el
miedo al enamoramiento. No es propio de una mujer el renunciar a una
comunicación extensa a la que los hombres raras veces nos prestamos.
Seguramente tenía prisa o le había ocurrido alguna cosa que ocupaba su mente.
Lo cierto es que sabemos muy poco de ella. Puede que esté casada y que su
marido le engañe, o que tenga un amante que no quiera separarse de su mujer
pese a que se lo prometa cada vez que se acuesten en un motel o, incluso, puede
ser lesbiana como pensaba Andreu y estar confundida al sentirse atraída por un
compañero de trabajo. Realmente, podrían ser tantas cosas: su vida es aún un
misterio. Un misterio que me atrae desentrañar, y, pensándolo bien, la
respuesta de Andreu es muy adecuada para ello.

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