ARENA (pgs 22 y 23)
Son más
de las diez, hace ya largo rato que cené y está a punto de llegar Jorge, mi
amigo y masajista. Hablé con él esta tarde, he tenido una mala caída jugando al
tenis y estoy dolorida de un tobillo. Suena el timbre.
- Hola Jorge, qué bien que hayas
podido venir.
- Faltaría más. Todo por mi
bailarina favorita, porque ¿sigues bailando, no?
- Esa afición me vio nacer y me
temo que me acompañará el resto de mi vida, pero esto me lo hice al intentar
llegar a una bola traicionera. Por eso prefiero jugar en tierra batida, nunca
te quedas clavada en el suelo.
- Ahora te miro. He traído la
camilla plegable para poder darte un masaje en condiciones. ¿tienes una toalla
grande y un poco de aceite corporal?
- Tengo eso y mucho más. Instálate
cerca de la chimenea. Hacía mucho tiempo que no venías por aquí, voy a
enseñarte la música que he encontrado para estos menesteres.
- Sólo me llamas cuando te
lastimas. No me crees cuando te digo que los masajes también pueden ser
placenteros. Hoy te lo voy a demostrar.
Y ya lo
creo que me lo demostró. Estuvo cerca de dos horas recorriendo cada centímetro
de piel como si fuera el único. El olor del aceite se mezclaba con el de su
sudor por el esfuerzo, el movimiento de sus manos transmitía mensajes secretos
a mis músculos, que respondían distendiéndose. Fue entonces cuando mi cuerpo
empezó a reaccionar bajo el amasamiento insistente de aquel hombre. El
despertar de los sentidos dio paso al despertar de los sexos. El fuego de la
chimenea fue testigo del encuentro ardiente sobre aquella cama alta y estrecha.
Después un largo silencio en el que el ritmo de los corazones empezaba a ser de
nuevo normal.
Sonó un
mensaje entrante en el correo del ordenador. Cuando lo abrí, Jorge estaba justo
detrás de mí.
- ¿No será Andreu, Andreu?
- Sí
- ¿Has vuelto a contactar con él
después de tanto tiempo?
- Ha sido algo casual, no sabía
que era él quien iba a dar la conferencia.
- ¿Y cómo ha reaccionado?
- No sabe que soy yo.
- ¿Que no sabe qué?
- He preferido permanecer en la
sombra.
- Estás jugando con fuego, nunca
conseguiré entenderte.

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