martes, 6 de diciembre de 2016

ARENA (pgs 22 y 23)

Son más de las diez, hace ya largo rato que cené y está a punto de llegar Jorge, mi amigo y masajista. Hablé con él esta tarde, he tenido una mala caída jugando al tenis y estoy dolorida de un tobillo. Suena el timbre.
-       Hola Jorge, qué bien que hayas podido venir.
-       Faltaría más. Todo por mi bailarina favorita, porque ¿sigues bailando, no?
-       Esa afición me vio nacer y me temo que me acompañará el resto de mi vida, pero esto me lo hice al intentar llegar a una bola traicionera. Por eso prefiero jugar en tierra batida, nunca te quedas clavada en el suelo.
-       Ahora te miro. He traído la camilla plegable para poder darte un masaje en condiciones. ¿tienes una toalla grande y un poco de aceite corporal?
-       Tengo eso y mucho más. Instálate cerca de la chimenea. Hacía mucho tiempo que no venías por aquí, voy a enseñarte la música que he encontrado para estos menesteres.
-       Sólo me llamas cuando te lastimas. No me crees cuando te digo que los masajes también pueden ser placenteros. Hoy te lo voy a demostrar.
Y ya lo creo que me lo demostró. Estuvo cerca de dos horas recorriendo cada centímetro de piel como si fuera el único. El olor del aceite se mezclaba con el de su sudor por el esfuerzo, el movimiento de sus manos transmitía mensajes secretos a mis músculos, que respondían distendiéndose. Fue entonces cuando mi cuerpo empezó a reaccionar bajo el amasamiento insistente de aquel hombre. El despertar de los sentidos dio paso al despertar de los sexos. El fuego de la chimenea fue testigo del encuentro ardiente sobre aquella cama alta y estrecha. Después un largo silencio en el que el ritmo de los corazones empezaba a ser de nuevo normal.
Sonó un mensaje entrante en el correo del ordenador. Cuando lo abrí, Jorge estaba justo detrás de mí.
-       ¿No será Andreu, Andreu?
-      
-       ¿Has vuelto a contactar con él después de tanto tiempo?
-       Ha sido algo casual, no sabía que era él quien iba a dar la conferencia.
-       ¿Y cómo ha reaccionado?
-       No sabe que soy yo.
-       ¿Que no sabe qué?
-       He preferido permanecer en la sombra.

-       Estás jugando con fuego, nunca conseguiré entenderte.



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