ANDREU (pgs 15 y 16)
No soy
de los que odia los lunes. En eso soy un hombre atípico. Puestos a odiar, un
día es inocente, la culpabilidad debería recaer sobre quiénes le cargaron con
la responsabilidad de abrir la semana.
Tampoco
exprimo los fines de semana con desesperación. Más bien les dejo fluir entre
rutinas y lugares habituales. Algo de comer, algo de beber, algo de follar y
mucho fútbol.
Por
ejemplo:
1.-
Algo de comer
La
tortilla de Betanzos. Una tortilla huevona, sobre un lecho de yema, que se deshace
en la boca. De patatas, sin más aditamentos, cortadas en finas láminas
redondas.
Ocurrió
el sábado por la noche.
2.-
Algo de beber
Una
copita de vino oloroso. Casi era un dedal. Para una mano gigante, pero un
dedal. Mano de labriego de los de antes, acostumbrada a destripar terrones.
Cristalería de la abuela de alguien. Sonaba un clavicordio en un i-pad.
Ocurrió
el domingo por la tarde.
3.-
Algo de follar
Con las
luces del alba. Cuando los ojos se resisten a abrirse y la erección engaña.
Acallando las voces para no despertar a los de habitaciones próximas. Cansado
de descanso. Aturdido por no encontrar definiciones ni a lo que haces ni a lo
que sientes.
Ocurrió
el domingo por la mañana.
4.-
Mucho fútbol.
El
Madrid gana. No lo ves por temor a que pierda con uno de los últimos.
El
Barca gana. No ceden. Les odias.
El
Mallorca… ¿Qué hizo el Mallorca?
Ocurrió
continuamente. Y sigue ocurriendo, porque un partido de fútbol va más allá de
su tiempo reglamentario.
De
nuevo, he dejado pasar días sin abrir el correo. Y eso que debo reconocer que
tengo curiosidad por saber el efecto de mi réplica a la tal Arena. Me
extrañaría que hubiese permanecido callada. Este tipo de mujeres no admite que
un hombre pueda quedar sobre ella. Seguro que me ha puesto cual cagada de
paloma. Es posible que me extralimitase en mi respuesta (la respuesta es mía y
me pertenece, porque sale de mi correo aunque la escriba Javier), pero ya está
bien de aguantar ataques por el mero hecho de haber nacido hombre. Antes éramos
los reyes del mambo, ahora delincuentes sin presunción de inocencia.
Lo
sorprendente es que ha tenido presencia en mi cabeza a lo largo de estos días.
Repentinamente me sentía cabreado con el mundo hasta que me daba cuenta de que
ella era la causante de mi malestar. Tiene gracia que una desconocida me esté
amargando la vida. Está bien, es hora de buscar un nuevo correo que me dé
razones concretas para odiarla. Y si piensa que voy a quedar callado está pero
que muy equivocada.

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