jueves, 3 de noviembre de 2016

MAIL ARENA (pgs 2 y 3)

Buenos días,

Me dirijo a usted perpleja e indignada por sus palabras en la conferencia de ayer. ¿Realmente piensa usted que la sexualidad de la mujer está al servicio de la reproducción? Disto mucho de pertenecer a un movimiento feminista, he sufrido en mis carnes el modelado cultural mojigato-religioso de mis mayores y estoy cansada de que personas como usted, con el estandarte de la verdad en la mano, castren a las mujeres despojándolas de su identidad sexual.

No voy a entrar en la discusión sobre la maternidad, que considero un don supremo, ni en la lucha por crear y mantener la unión de la familia, prioridad por la que cada mujer ha luchado a lo largo de la historia. Lo que pretendo, y por eso me dirijo a usted, es que no utilice esos argumentos para crear una jaula dorada destinada a albergar a un ser que no necesita el proteccionismo de nadie.
Le pido que cierre un momento los ojos. Mire con ellos los de una mujer. Obsérvese. Obsérvela. ¿Qué ve de diferente? ¿Acaso sus huesos están hechos con otro material? ¿Sus músculos no sirven para mover su cuerpo al igual que el de usted? Mírela más adentro. ¿Son sus sentimientos de libertad, felicidad, sensibilidad distintos de los suyos?

Quiero decirle que yo, como mujer, me considero la única dueña de todo mi cuerpo y de toda mi mente, sin resquicios. Estoy en la vida para cumplir mi misión, como cada ser en esta tierra, y lo hago desde la generosidad, la entrega y la pasión. Doy gracias a la naturaleza que me ha dado la capacidad de disfrutar el éxtasis sexual y compartirlo con otros seres consiguiendo la más alta cota de fusión, amor y libertad.

Reciba un cordial saludo,

Arena


6 de abril de 2012

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